Querido 2016…

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26 Diciembre, 2016 // Me, myself and I

Querido 2016,

Qué jodido has sido…
No lo digo por mi vida, que también, pero se te ha ido de las manos lo de llevarte a gente por delante, a gente importante para la cultura, lo de destruir vidas en Siria, lo de poner el mundo en manos de un villano, lo de coleccionar atentados terroristas cada mes…

No, querido 2016: no formarás parte de los mejores años de mi vida.

Y sin embargo, tengo que agradecerte tantas cosas…

Ya en enero me dabas una lección cuando pasaba una de las semanas más “mierders” de mi vida en la maravillosa ciudad de Palencia, a -2ºC a horas intempestivas… Para qué recordar la historia completa. Mejor quedarse con el aprendizaje número 1 del 2016: “no es oro todo lo que reluce”.

Tras esa lección llego la siguiente: “sigue buscando tu camino”. La aprendí en Valencia, cuando mi compañera de fatigas me anunció por teléfono, en una conversación de 2 horas y media,que se piraba del trabajo que habíamos conseguido a la vez. ¿En serio? Ambas sabíamos que no pertenecíamos a ese mundo, pero necesitaba que esa frase volviera a aparecer en mi cabeza: “sigue buscando tu camino”… Lo hice.

Mientras oía el eco de la voz de mi conciencia,ya en Mayo, sentada en un banco de Central Park un rayo me iluminó. Qué peliculero suena ¿verdad? Pero os lo juro: un rayo de sol se coló por los árboles que estaban delante de mí y me iluminó. Y yo que no soy de montarme movidas en la cabeza (qué va…), lo interpreté como una señal. Una señal que me llenó de una energía extraordinaria y me enseño la tercera lección del año: “Nueva York es, y siempre será, mi primera opción, el enchufe de mi vida”.

Cuando llevabas 7 meses de vida, querido 2016, y con la segunda lección en mi cabeza, me incorporé a mi trabajo actual que me llena infinitamente más (y es infinitamente más exigente,claro). En estos meses también he ido aprendiendo allí miles de lecciones. La que más me interesa hoy por hoy: “siempre vas a poder ser mejor: ve a por ello”.

Conforme te acababas, me ibas desgastando la energía, tantos cambios, tan rápido te has pasado, hasta el amor se resentía… No me dejabas tiempo para cuidarme, olvidé el gimnasio, comer bien… No digo que me llevaras hasta el fondo, querido 2016. No era el fondo. Creo que nunca he estado en el fondo, pero se parecía un poco. Me desesperaste, me llenaste de estrés, me llené de mal humor, no supe gestionarlo con mi compañero de fatigas. Siempre supe que te tenía que agradecer muchas cosas que eran positivas, pero me hacías verlas negras.

Pero llegó diciembre… Ya no te queda nada, querido 2016. Te despides con una mudanza que acaba en 5 días. Qué poco has durado, 2016… Qué rápido has pasado por mi vida.

Y puede que en otra época te añore. Piense en que, en realidad fuiste un buen año. Y no será mentira, ni tampoco verdad… Simplemente gracias por las lecciones, por los cambios y porque, también está bien verlo todo desde abajo de vez en cuando.

Gracias, querido 2016. Pero vete ya.

Dear 2016,

You have been so shitty…
Not for me, maybe too, but it has got out of your hands to lead people ahead, important to culture, to destroy lifes in Syria, to put the world in the hands of a villain , to collect terrorist attacks every month …
No, dear 2016: you will not be part of one of the best years of my life.

And yet, I have to thank you so much …

Already in January I learned a lesson when I spent one of the most “shit days” of my life in the wonderful city of Palencia, at -2ºC … It is not necessary to remember the whole story. Better to have the 1st lesson of 2016: “everything that glitters is not gold”.

After that lesson, the following came: “Keep looking for your way.” I learned it in Valencia, when my fellow worker and friend told me on the phone, in a conversation of two and a half hours, that she would get rid of the work we had gotten at the same time. Really? We both knew that we did not belong to that world, but I needed that lesson to reappear in my head: “Keep looking for your way” … I did.

As I heard the echo of the voice of my conscience, as early as May, sitting on a bench in Central Park, a lightning bolt illuminated me. What a filmmaker sounds, right? But I swear to you: a ray of sunshine crept through the trees in front of me and lit me. And I am not riding on my head (me, really?..), I interpreted it as a signal. A sign that filled me with extraordinary energy and taught me the third lesson of the year: “New York is, and always will be, my first choice, the plug of my life.”

When you were 7 months old, dear 2016, and with the second lesson in my head, I joined my current job that fills me infinitely more (and is infinitely more demanding, of course). In these months I have also been learning thousands of lessons there. The one that interests me the most today: “I can always do it better: go for it.”

While you finished, you were wasting my energy, so many changes, so fast your time was spent, even love was disappearing… You did not leave me time to take care of me, I forgot the gym, eating well … I do not say that you took me to the bottom, dear 2016. It was not the bottom. I think I’ve never been to the bottom, but it seemed a bit. You despaired me, you filled me with stress, I was always in a bad mood, I did not know how to manage it with my partner of fatigues. I always knew that I had to thank you for many things that were positive, but you made me see them black.
But December came … You have nothing left, dear 2016. You only have a move that ends in 5 days. How fast you’ve passed, 2016 … How fast you’ve gone through my life.

And maybe in another time I will miss you. Think about it, you were actually a good year. And it will not be a lie, nor true … Simply thanks for the lessons, for the changes and because, it is also good to see everything from bottom  from time to time.

Thank you, dear 2016. But go, now.

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